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| Ediciones Juglaría - Rosario - Argentina |
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POESIA ARGENTINA
MARIA DEL CARMEN COLOMBO
María del Carmen Colombo nació en Buenos Aires, Argentina, en 1950. Estudió Letras y Filosofía en la UBA. Integró el grupo de poesía El Ladrillo. Ha publicado: La edad necesaria, (1979); Blues del amasijo (1985); Blues del amasijo y otros poemas (1992, reedit. 1998); La muda encarnación (1993) y La familia china (1999); además publicó Santo y Seña (publicación conjunta, 1984) y Folletín (1998). Tiene un libro inédito, Bestiario sentimental.
II
Si fuera segura
como una montaña
Si fuera calma, una
piedra de quietud, mi derrotero
culminaría —seguramente—
en la cima de cordura
y así colmada miraría
desde allí
un ojo de vértigo, el otro
abismo.
IV
Rubios velos de ninfa
aterradas corazas las morenas
vayan ellas al mundo
Pero a mí no me saquen del cajón
enterrada en mi dédalo casi
desnuda no me tiren
de la manga
para qué desovillar
una bota nos acecha
oculta
en la humedad yo mamo
de mi dedo propio
como una
monja en su destierro.
Carta a papá
Miserable estratagema
para tenerte parecerme
a vos
ser en espejada lejanía
lo que brilla por ausencia
una estrella
no me llames ilusa
estoy arriba
reina de la nada
ardiendo en mis heridas
soy tu pequeño espejismo
qué peor atadura
ah, si quisieras llegar hasta aquí
y entraras en esta luz
en todo caso si así fuera, querido mío
la luz hiere, la luz es realidad
(De Bestiario sentimental, libro inédito)
*
en las tripas de mi reloj
despuntan
grandes husos de gallo
qui qui ri quí
yo soy el que
recuérdalo
qui qui ri quí
tú la que no
ahora y en la hora
pero mis huesos
blancos y dispersos
en la noche
cantan de pie
no somos del cuerpo
oh mi mano de hojalata sola
cómo brilla
polvo eres pero brilla
un despojo:
—del cuerpo ya no soy
piedra fueron serán ojos?
islas deshechas aspas
en la miseria
a la deriva cuando saltan
del cuerpo ya no son
mira mira las orillas
remos rotos hacia
dónde?
pero la ceja olvida
se levanta del cuerpo:—ya no soy
no tengo el ver
no tengo el verbo
¿hay esperanza para mí?
yo soy el que
tú la que no
doblan campanitas
de cuello amarillo
tú también
por un oído de sombras
escucha
la mañana
(De La muda encarnación, 1993)
CESAR BISSO
César Bisso nació en Santa Fe en 1952. Actualmente reside en Buenos Aires, desempeñándose como sociólogo y profesor universitario. Publicó los libros Poemas del taller (1975), La agonía del silencio (1976), El límite de los días (1986), El otro río (1990), A pesar de nosotros (1991), Contramuros (1996) e Isla adentro (1999). En 2005, la Universidad Nacional del Litoral publicó La trazas del agua (poesía escogida). Este año, la editorial colombiana Arquitrave ha editado una selección poética bajo el título de Coronda, pueblo santafesino donde el poeta vivió su infancia.
¿Qué hay después de ti?
En la noche más breve
ofrendo mi desamparo,
libero el deseo
atrapado en la sangre.
La muerte
trabaja entre vísceras,
oculta el zarpazo.
En la habitación
reposa tu desnudez.
Sólo dolor cae
del cielo vulnerado.
El miedo apenas abriga.
La luna
escurre por los postigos,
dibuja su filo alimonado
sobre la pared.
Recuerdo la historia del cazador
hundido en la ciénaga,
los mil brazos de Dios
cortados por el mismo cuchillo.
Observo la morada curvatura
de tu mano extendida.
Es hora de rescatarte.
La noche dicta su diatriba
sobre mi pecho: déjalo,
ya no te pertenece.
¿Qué extraña fuerza
concierta el sacrificio,
por qué alzo las piernas
y huyo en lágrimas?
¿Adónde van mis pasos,
qué persigue mi razón en soledad
un segundo antes de la muerte?
Quise amurar el sitio
donde la levedad
apura el vuelo.
Explorar la raíz,
el brote desgarrado,
el árbol azuzador
de nubes y de pájaros.
Aferrarme a sus ramas,
sustituir mi deseo.
Quise penar a tu lado,
que la aflicción revelara
lo que no supe decirte.
V
Suena la voz en el vacío:
los puertos son peldaños
y una escalera de agua
asciende a los vientos.
Quien ama, regresa.
El aduanero pródigo
trasiega en lenta barcaza
islas de sangre.
Aguardo en la orilla.
Luna de marzo
bendice
la inmanencia del reparo.
Busco asilo,
lejos de tu cuerpo inmóvil.
No pude estar allí.
Duele perder lo imposible.
Padre
después de ti
abrazo lo más bello.
REYNALDO URIBE
Reynaldo Uribe nació en Pergamino (Bs. As.) en 1951, y reside en Rosario desde 1970. Publicó La cuna de tu sombra (1980), Resistencia (1983 y 1988), Rito de la ausencia (1984), De espejos, poemas y suicidios (1989 y 1992), Quién conspira (1993) Ciudad sin sueño (1996), Riberas del exilio (2000), Casa de vidrio (2003), Poemas de amor en blanco y negro (2003), Juegos de la memoria (2005), Los elegidos (2006, en prensa), y De los laberintos no se sale por arriba (inédito), todos de poesía. Preside la Coop. de Trabajo Juglaría y dirige las revistas Juglaría (arte y poesía latinoamericana) y Casa Tomada (cultura y pensamiento)
Bienaventuranza
Si alguien te canta
con la vendimia adentro
si alguien te vive.
Salvador Chaila
Amor
no es
el sentir hacia el otro:
espejismo
en nuestro propio desierto.
Es la mano que llega:
acariciar un sueño
cuidarlo
compartir la vida.
Celebración de la vida
Aquí estamos,
disfrutando nuestra edad adulta
con inocencia y asombro.
Mirando
las puertas del cielo
uno oculto al común de los mortales
abiertas a otro cielo
que puede acariciarse con las manos.
Palpando que la vida
es un volcán
un manantial
y el fuego
el agua
arman pacientemente
un rompecabezas de innumerables elementos
para que juntos
construyamos una nueva geografía.
La consumación del milagro
se hizo esperar,
más no fue en vano:
el andar a tientas
tropezó, por fin,
con el deseo primigenio
de ser uno en el otro
y con el otro,
ser el otro en uno
y protegerlo,
cuidarlo
como a la más delicada flor
o los primeros pasos
de una criatura.
El tiempo
no ha pasado en vano.
Somos privilegiados,
elegidos
para inaugurar
los millones de años
de este mundo
y festejar
los cientos de siglos
que quedan por vivir.
*
entre urgencia
y necesidad
la poesía
es ariete
*
Rosario, 1972
(en Santa Fe 2107)
Acosada
por gases lacrimógenos
y la policía montada,
te abrí la puerta
y me abrazaste temblando.
Sin palabras.
Luego
tu silueta
se desdibujó en el horizonte
y el tiempo.
Bastó ese breve instante
para recordarte
siempre.
MARCELA PREDIERI
Marcela Predieri nació en Buenos Aires en 1960 y reside en Mar del Plata desde 1991. Ha publicado los siguientes poemarios: Sangre de Amarras, 1989; Invierta un hijo, 1991, La Pancarta, 2000 y Los Andamiajes del Miedo, 2002. Coordinó y participó en la novela experimental Puzzle (escrita en colaboración entre 10 narradores). En teatro tiene inédito Monumento Histórico Nacional (escrita en colaboración con D. Sinópoli) y participó del grupo La jirafa que trabaja en guión de mediometrajes. Ha integrado los staff de diversas revistas literarias, dirigido dos (La Mazmorra y La Avispa) y es colaboradora del diario La Capital, de Mar del Plata.
La castidad del lago
Los pilotes agujan el agua
alzan su ojo
contra el cielo que ajusticia relojes
Sienten al insecto hundirse hasta la savia
y hacer legaña de tiempo
al musgo enhebrado a sus pies
pero la violación
es herida breve
preñada de belleza
Él
deidad de oeste a norte
de sur a océano
llama voyeur al viento
pero blande juncos
acaricia sus espaldas
y besa la nuca de la tarde
como excelso monje
al muelle desposado
Sauce hacia el oriente
Este árbol
nublado de hijos y de viento
acalla caminos de calandrias en la penumbra
Temeroso de bandadas
amputa la soberbia del ocaso
Es yerro en el horizontote del equilibrio
extendido almanaque
donde el nido de la noche tiembla
Ese árbol de seis brazos se sostiene
a pesar de mí
que no voy a echar frutos
No sea cosa que sembrando celajes
sea gestado mi séptimo hueso
y el tiempo se haga carne
por qué no verbo y redención
Aquel sauce repite orillas
y me da tanta pena verme así
con cuerpo de hoja
Imposibilidad
Puedo llagar mis brazos a la corteza
lamer la humedad del sur
crispar mis senos al rocío
o recostarme sobre el polvo
Puedo abrir las ventanas
al grito encadenado
y todavía no sangrar pájaro
flecha en el carcaj
nonata
en la palabra primigenia
Ojos rimel
La aridez de su vientre
reventó en pájaros
los brazos de la lluvia
Él la recorre
la envuelve hasta hacerla trapo
paloma y tanto beso
Llora entre faroles
pero obedece
se somete a su antojo
pubis esclavo
bajo su lengua de bronce
Nadie me verá de espaldas
Huérfana de cautela o ceremonias
voy hacia el génesis
No hay razón para maniatar al grito
atrincherar la verdad tras una mueca
ser escrupuloso títere del hambre
o un selecto imbécil del silencio
Por eso me revelo
trasmuto con terquedad de hormiga
todo antiguo anonimato
La mano del juego comanda los destinos
y me invita a no irme al mazo
Hay cuatro barajas sin jugar
una es la muerte
JOSE MARIA PALLAORO
José María Pallaoro nació en La Plata en 1959 y vive en City Bell. Publicó plaquetas, cuadernos y tres libros de poemas: El viaje circular, Pájaros cubiertos de ceniza y Son dos los que danzan. Compiló (junto al poeta Néstor Mux) y editó la antología: Naranjos de fascinante música: poesía contemporánea de amor en La Plata, donde se incluye material de 34 autores del Partido de La Plata. Es director de “el espiniyo” revista de poesía de las cuatro estaciones, la primera en su género realizada en el Partido de La Plata.
Los muertos
¿Qué se hace con un muerto?
¿Se lo deja en casa?
¿Se le cierran
las ventanas y la puerta
de la habitación?
¿Se habla en voz
baja
para no despertarlo?
¿Se lo comienza a olvidar
para no sentir
culpa de su abandono?
Cara y cruz
Dando la cara llegamos a la vida
con palmaditas en el culo
nos reciben
y de inmediato
nos revolean al aire
como a una moneda
por si una vez el azar
por si falla el juego
de la vida
pero la suerte sigue echada
y caemos siempre
irremediablemente cruz
Luego juntan
nuestros pedazos
Nos olvidan
en uno de esos lugares
oscuros y fríos
Preguntas
¿No hay sol
para el desolado?
¿El desolado
no hace luz
desde su mirar?
¿En el mirar
del desolado
la luz
se transparenta
en claridad?
¿Desaparece la luz
para sólo ser
oscuridad?
¿Acaso
el desolado
tiene alergia
a la luz?
Lecturas
Enfrascado en la lectura de Proust
no llegaba a percibir que
desde el tren
los árboles eran más lentos
tampoco
cuando el muchacho cruzó el vagón
arrebatando a justos y pecadores
las cadenas de un oro imposible
para saltar sin tiempo
y violentamente perdido
hacia otras formas del mundo
VICTOR CLEMENTI
Victor Marcelo Clementi nació en Capital Federal en 1957 y reside en Mar del Plata desde 1970. Libros publicados: Grises, Poemas, Sens, Ausencia Peligrosa, Gambeta (novela), Demasiadas Palabras, Tributo a lo Inasible, Simetría, Ecuaciones Violentas y Especies.
Humo erótico
Respirar tu piel
hierba hecha piedra
que derrama en mi mano
desmenuzar tu cuerpo
para que la savia llueva sobre el papel
envolverte a ratos
con la misma magia que te desnudo
fumar tu sangre
con la vehemencia de un vampiro.
Dragones en el limbo
No nací para engrosar anecdotarios
ni para someterme a la subjetividad
de un analista de especies autodegradantes;
no estoy para cultivos de semen
que pactaron con óvulos estrictamente
enlatados en el futuro;
tampoco para un exorcista de huérfanos
victimizados por la hipertecnocracia;
no atiendo a ningún mercader
de cielos o paraísos rentados para el tour
que mejor acomode tus principios;
no escucho más a hormigas ciegas
que construyen leyes y laberintos
dependientes de otro Sistema ignorado.
Soy in-apropiado
No pertenezco
no figuro en la gran guía
de criaturas estelares
a mi piel la bombardeó el smog
a mi alma le cortaron el teléfono
sólo mi mano automatizada
supervive testigo de la barbarie
provocada por palabras de dudosa eficacia.
Sur-realismo
Tanto Sur de carbón arrodillado
hace indigencia las manos
y en el hollejo inconfesable de las horas
sufro igual miseria.
Lloro la Ciudad sucia por el humo
de un reclamo pulcro cuando el hambre
es más puntual que la palabra.
Testigo ocasional de cuanta derrota
atrapo un motivo para ejercer soledad
y entender lo falible que a todo unge.
Saberse vulnerable aún sin enemigos
un poco de mí en la impermanencia
así es la cosa: todo acosa.
Aquí y ahora en la pared
Ese rincón arrulló mis huesos
misma calle caminé...
en cada lugar que estuve
permanece mi espectro
habitando aquel instante
necesariamente soy lo que dejé
por minúsculo que fuere
aquí lo mejor de mí
ahora esencia:
una meada en la pared
(no uso árbol por urbanidad)
SERGIO GIULIODIBARI
Sergio Giuliodibari nació en Vicente López en 1964. Está radicado en Campana (Bs. As.) desde 1999. Forma parte del Consejo Editorial de la revista “Álgebra y fuego”. Publicó tres libros de poesía: Retrato de familia (1993), Bacardi Carta Blanca (1995) y La metamorfosis del objeto (2005).
El modelo rojo
(óleo sobre tela, 1937)
La violencia nos golpea contra una pared
y perdemos nuestro nombre, no sabemos
cómo hemos alcanzado este infierno.
Los pies, desatados, nos duelen como un mal silencio
y no es de mucho caminar que nos pesa el alma.
Desde el centro de una mirada sin retorno
la realidad disfruta nuestros pasos heridos
y nos arrebata unas pocas pertenencias:
un par de monedas sin valor,
un recorte de diario,
un cigarrillo
siempre a punto de morir.
Y no nos queda nada sino la violencia,
ese modelo rojo de aullidos
que nos obliga a caminar la sangre,
descalzos,
orgullosos sobre nuestros propios restos.
La puerta abierta
(óleo sobre tela, 1965)
Te acordás, alguna vez
me dijiste: la muerte
es la única duda;
conozco todo
lo demás.
De tanto tomar mate
con el diablo
me he hecho sabio
en cosas inútiles,
me dijiste;
y yo te creí.
Y respondí:
loco,
eso es lo que yo llamo
tener suerte,
la próxima vez
podrías invitarme.
Y no hablaba de las olas del mar,
ni de todo lo que vos
sabías.
Decalcomanía
(óleo sobre tela, 1966)
Desearás haber nacido
el día mismo de tu nacimiento
y verás crecer los helechos con nostalgia.
El tiempo habrá lanzado su canción penosa, ya,
en ese instante desbocado,
en ese viento;
el tiempo se dirá para los niños esa tarde
y lo comprenderás, te sentirás muy viejo,
muy odiado;
necesitarás buscar tu espejo
e ir hacia la costa
para ver correr las aves bajo el brillo lechoso
de la arena,
y frente al mar
querrás mirarte, detenidamente, como una joven incompleta:
cada surco en tu rostro será una herida nueva,
cada labio un sendero de sangre que no se cierra
y el espejo, sólo pedazos, trino
de un gorrión blanco, desbordado por su vuelo.
Entonces, volverás a tu casa, descubrirás
que jamás has salido de ella
y que no hay mar
ni gaviotas,
ni años, siquiera, sobre tus ojos;
volverás a ese espejo al que nunca has ido
y hurgarás en él tu imagen.
La tomarás del cuello
y con todas tus fuerzas le harás brotar
rosas rojas
de sus oídos
y furia
de sus dientes agrietados.
Luego, romperás el espejo y, con él, la sombra
que es la savia de tu mirada de cera.
E irás a dormir. Y soñarás con el mar.
Y extrañarás tu rostro.
Los presagios felices
(óleo sobre tela, 1944)
Vanamente,
en la sombra,
golpeado por mi peso,
busco entre la noche
un trozo de carne
de quien me ha
precedido.